Era a finales de los años setenta, cuando en plena transición política, pasé una larga temporada en el Reino Unido, concretamente, en Londres su capital.Mis mañanas transcurrian en un centro universitario, situado en el corazón de la ciudad, el acogedor recinto de Regents Park.
A la llegada del mediodia y finalizado ya mi trabajo en Bedford College, acostumbrava a dar un paseo por el parque, en su centro, y bajo una rotonda idéntica, a la que aquí tenemos en nuest ro parque de la Ciudadela, una banda uniformada, obsequiava con piezas tradicionales inglesas, a un númeroso público, que sentado en sillas plegables, escuchaba el concierto en medio de un sepulcral silencio.
Algunas parejas retozaban, echados sobre la hierba, disfrutando de su amor y a la vez del tenue y anhelado Sol del verano inglés.
En los bancos, sentadas, también tomando el Sol, pero a la vez aprovechando la bonanza del tiempo, para leer o hacer punto, se podian ver muchas de aquellas típicas señoras inglesas, de mediana o incluso de avanzada edad, con sus exuberantes pamelas, sus zapatos de medio talón, sus medias de seda, los labios pintados y las mejillas ligeramente polvoreadas.
Todo el conjunto respiraba un estilo tipicamente Victoriano, en el que he de reconocer, uno se encontraba francamente muy relajado y con una sensación de sana envidia, delante de este modelo de sociedad.
Una buena practica para reforzar el dominio del inglés, y digo esto como consejo para los jóvenes que se puedan encontrar en situación parecida, es la de tomar asiento al lado de una de aquellas ladies inglesas, que siempre acojian de buen grado, un poco de compañia y conversación.
Eran unas conversacioines, en las que aparte de la opoprtunidad de poder hablar en inglés, pocas novedades ofrecian, evocar las vacaciones que de mas jóvenes, alguna de estas señoras habian pasado en España, su vida familiar, sus hijos, sus nietos, la añoranza en algunos casos por los maridos ya fallecidos, sus relaciones sociales con el vecindario y poca cosa mas.
Eran aquellos, unos momentos difíciles en Inglaterra, la situación económica habia empeorado sobremanera, una tasa de paro muy alta, muchos cierres de empresas, y los gobiernos, primero el conservador de Edward Heath y mas adelante el del laborista James Callaghan, estaban constantemente en situación de crisis, como consecuència de las huelgas y movilizaciones, de las Unions, los sindicatos ingleses, que con su gran implantación e importante afiliación en el mundo obrero, condicionaban la labor política de los gobiernos del momento.
Fué en el curso de uno de mis últimos paseos en Regents, en el que una de mis interlocutoras, se me mostro radiante y a la vez optimista, respectoi al futuro del Reino Unido, el dia anterior, y en el curso de la habitual partida de bridge, que todos los jueves compartia con sus amigas en el club de su barrio, habia sido informada, de que por primera vez en su país, una mujer estaba siendo llamada a liderar la política inglesa, Mrs. Margareth Thatcher, era su nombre, militaba en el Partido Conservadory era persona de gran firmeza en sus decisiones y que dificilmente renunciaba al cumplimiento de sus objetivos.
Efectivamente, y ya de regreso en Barcelona, me llegó la noticia de que Mrs. Thatcher, habia llegado a la Presidéncia del Gobierno Británico, era el año 1.979, y gobernó hasta el año 1.990, en uno de su primeros comunicados como jefe del gobierno, anunció que tendría que pasar toda una generación, antes de que los Sindicatos volvieses a condicionar la vida económica del país.
Mrs Thatcher, no promulgó ninguna ley que condicionase la actuación de los Sindicatos, ni empleó ninguna medida coharcitiva en contra de ellos, pero en 1.984 a la llegada de la huelga general que tuvo lugar como protesta por la reforma del sector minero, tomó una sola medida, les cerró a los Sindicatos la puerta del nº 10 de Downing Street.
Aquella huelga general fué larga y cruenta, en el curso de ella, dos huelguistas mataron a un taxista y fueron porteriormnente condenados a cadena perpétua, al final los Sindicatos tuvieron que ceder y abandonar sus posicionamientos, la reforma del sector minero siguió, hasta que el gobierno dió total cumplimiento a su proyecto, hasta el momento presente, nunca mas el Reino Unido ha vuelto ha sufrir ningún estallido social, que alterase, el normal desarrollo, de las relaciones entre obreros, empresas y gobierno.
Los Sindicatos españoles han de pensar, que no siempre encontrarán un gobierno como el del actual presidente Sr. Rodriguez Zapatero, que puede llegar un día, en el cual si persisten, en su actitud de cerrar el paso taxativamente, a las politicas laborales del gobierno, se pueden encontrar ante la dificil situación de que se les cierre la puerta de la Moncloa, y dado que por el momento, su afiliación y en consecuénciua su representatividad, nos es comparable a la de las Unions inglesas, no creo que llegar a este punto les pueda resultar conveniente.
Josep Mª Carbonell i Vilaró
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