Pocas cosas son las que podemos recordar de nuestra mas temprana niñez, y las pocas que recordamos, aparecen en nuestra mente, medio borrosas, sin demasiada nitidez, pero siguen así, latentes, imperturbables con el paso de los años.
Yo era un niño de dos a tres años, con mis padres vivíamos en la Gran Via barcelonesa, casi delante mismo de la plaza de toros Monumental, algún domingo por la tarde, salíamos a pasear por el hoy todavia existente, paseo centreal de la Gran Via, hasta la esquina de la calle Marina, donde nos sentábamos en la terraza del antiguo café Sol y Sombra a tomar un refresco.
En aquellos tiempos y en aquel lugar, los domingos por la tarde resultaban muy animados, desde la calle o sentados en la terraza, podias oir los aplausos y aclamaciones, o también los pitos, que resonaban desde el interior de la plaza, según fuese la actuación de los protagonistas de la corrida,
Al volver a casa y paseando por delante de la plaza, de repente se abrieron las puertas y ello dio salida a una multitud enfervorizada, mi padre me subió en brazos, para que así pudiese ver a dos figuras, que vestidas en relucientes trajes, sobresalían por encima de los aficionados, que los llevaban a hombros, al parecer se trataba, de una de las jornadas memorables de Manolete y Arruza, toreando juntos en la Monumental barcelonesa.
A los pocos años y siendo ya mas mayorcito, si alguna vez me preguntaban, niño, cuando seas mayor que te gustaría ser? siempre respondía de inmediato, yo quiero ser torero.
Ya en plena adolescéncia, en aquella época, los jueves por la tarde, en el colegio eran festivos, y un tio-abuelo mío, muy aficionado a la fiesta, pasaba por mi casa a recogerme, y me llevaba con el a la plaza, eran los tiempos de Chamaco, el torero de moda en Barcelona, que llenava la plaza, todos los jueves y domingos de la temporada.
Así es como nace mi afición a la fiesta de los toros, eso si, he de reconocer, que cada vez mas decaida, por la ausencia de grandes figuras que te animen a ir a la plaza.Recientemente la aparición de José Tomás, un gran torero, ha hecho renacer la ilusión de los buenos aficionados, y la plaza a su llamada se vuelve a llenar.
Estos recuerdos y estas vivencias, son las que despiertan la afición, a un espectáculo, el taurino, que pienso no tienen nada que ver, con ser mejor o peor catalán, o tampoco ser mejor o peor español. Igualmente pienso que no tienen nada que ver, con el respeto o el desprecio, que uno pueda sentir por la vida de los animales.
En otro momento y a través de otro artículo, trataré de reflejar, mi sensibilidad por la vida de los animales, a traves de mi fracasada experiéncia como componente de una partida de cazadores, en este caso la víctima fué un jabalí, el cual, después de una larga jornada de acoso, fué abatido, trasladado y exhibido, en la plaza mayor del pueblo, con la consiguiente admiración de toda la vecindad, por la hazaña conseguida.
Josep Mª Carbonell i Vilaró
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